Cuando los valores se trastocan (también en el fútbol) estamos en problemas » 7400 Noticias de Olavarría

Cuando los valores se trastocan (también en el fútbol) estamos en problemas

Por Carlos Zangara /// La peligrosa devaluación del jugador  en nuestra competencia local. 

Este comentario no tiene nada de nuevo y menos de novedoso. Se refiere claro está a quién es quién en el mundo de nuestro fútbol  doméstico.

En la mayor parte del planeta, y en todos los casos los actores principales son los “niños mimados de la película”.

Los que cobran los mejores aranceles, los que disponen de  los beneficios que el espectáculo devenga.

Es que tiene que ser así.  Cuando esos valores se trastocan las deformaciones nos derivan a situaciones peligrosas, o al menos no deseadas.

En nuestro fútbol lo que pasa es realmente curioso.  Para abrir una cancha de fútbol  hace falta un empleado del club, que además tiene que marcarla, poner las redes, cortar el pasto, limpiar las instalaciones, acciones mínimas para  que luego ingrese el público y se pueda jugar.

Difícilmente esa tarea alguien la  haga gratis. La Policía que cuida el orden, los árbitros designados, el utilero, los que cortan las entradas, todos perciben una retribución.

Los últimos “ orejones del tarro” son los futbolistas. Los que generan el espectáculo. Pero ocurre que están tan devaluados en su mayoría que si se ponen exigentes los cambian por otros con menos  reclamos. En realidad influye poco esa modificación debido a que el hincha que va en número reducido en gran parte prioriza la institución, que no estaría mal, y ya el torneo en sí no despierta la pasión de aquellos grandes clásicos como eran   Racing-Estudiantes, , El Fortín- Ferro, que el que perdía desaparecía de los lugares que solía frecuentar.

Se ha degradado  tanto la condición de futbolista en esos  casos, que daría la impresión que da lo mismo defender la casaca de un club de primera local que participar de un torneo comercial o aficionado.

De ahí que el propio futbolista ya no valora integrar la membresía de un elenco tradicional. Advierte que no tiene la trascendencia esperada, que para el dirigente el jugador dejó de ser prioridad, y jugar o no jugar por expulsión o lesión a la hora de los “bifes” da lo mismo para su economía y bienestar.

Es mas, por ahí se  disfruta mas un comercial o un reducido, sin las exigencias de un entrenamiento y de los reclamos del cada menos comprometido hincha tribunero.

Esto en parte deriva a  reacciones  violentas  como las  que se engendraron en el Colasurdo.  Deportistas que pierden poco  a la hora de no jugar, y que no le impide hacerlo en otros certámenes, aunque no oficiales, que   tampoco se diferencian demasiado a los que se desarrollan en el ámbito oficial de la Liga, por lo menos en lo económico. Aunque que quede claro, nada  justifica utilizar la violencia ni mucho menos.

La solución pasaría entre otros ítems,  por la generación de recursos, nada fácil por cierto, tema que merece, claro está, otro análisis, como también la modificación  de los campeonatos, tan repetidos y poco atractivos en los últimos tiempos.

Texto: Carlos Zangara

Comentarios

Comentarios